Rafael Roncagliolo de Orbegoso
Ante todo, gracias por la invitación.
Comenzaré esta exposición tratando de
presentar algunas tesis falsas entre democracia y televisión, y tratar de mostrar su
inexactitud gráficamente.
La primera tesis que podría enunciarse se
centra en señalar que es falso aquello que con la televisión la calidad de la democracia
haya mejorado.
Aquí retomo la pertinente referencia al
pensamiento de Sartori, ya presentada: la noción de democracia está vinculada a la
noción del ciudadano. En la democracia hay ciudadanos a quienes se trata de compensar. Y
tenemos que retomar la fuerza que ha tomado la democracia en los últimos años. Así, en
los últimos treinta se ha pasado de un mundo de sólo 30 gobiernos democráticos a uno de
más de 180 elegidos. Pero la democracia no se intenta, se logra. Funciona en base a los
ciudadanos, y a los ciudadanos se les convence.
Entonces, lo que se debe lograr es la
recuperación de la democracia en su sentido literal, que dicho sea paso debe ser el
modelo de la Grecia clásica, es decir de Atenas, en donde existía una democracia
deliberante, y no de Esparta, en el que para presionar a los gobernantes existía una
especie de ONPE o de "aplausómetro" detrás de las consignas en el que se
esperaba ver a quién se aplaudía más y se designaba a quién era más aplaudido;
felizmente nunca trascendió esa democracia, sino la de Atenas. Sin embargo, a veces se
cree que la democracia no se funda en el pensamiento de los ciudadanos sino en quien tiene
más aplausos, y esa no es la verdadera democracia.
Una segunda tesis falsa que podría
enunciar es que la televisión es lo principal del sector de las telecomunicaciones.
En la actualidad, desde el punto de vista
de la economía, existe el sector cuaternario de la economía, referido a las
telecomunicaciones, la televisión y la informática.
La relación entre entre los componentes de
dicho sector es asombroso. Es muy interesante cómo nosotros nos hemos acostumbrado a
pensar que la televisión iba por aire y la telefonía por tierra. Y ahora cada vez más
la telefonía va por aire y la televisión por tierra (por cable). ¿Y quiénes son los
que en el mundo de hoy hacen televisión? Las empresas telefónicas. Lo que sí no puede
negarse es que la televisión y la telefonía pertenecen a un solo sector, el cual es muy
importante porque cada vez necesitamos comunicarnos y estar relacionados.
Por eso, para la sociedad cuando se
privatizan las compañías de teléfonos no tiene ninguna importancia dónde vayan los
activos. Lo que realmente es trascendente es que se está privatizando el crecimiento de
un mercado de millones de dólares.
Frente a ello, la televisión y la radio de
sector abierto aparecen como la parte menos importante del negocio de las
telecomunicaciones, obviamente, más aún en un país como el nuestro en el que dichas
empresas tienen un problema de supervivencia. En esencia, no son un gran negocio. Dentro
del sector de las telecomunicaciones, son un negocio de segundo rango.
Esto es conveniente resaltar, más aún si
dentro de las expectativas de Latinoamérica de la última década se incorporó el
negocio de las telecomunicaciones dentro de las leyes, con consecuencias bastante serias.
Una de dichas consecuencias fue, como en el
caso peruano, la supresión de un tiempo en que estas empresas tenían (en la legislación
anterior, 12 minutos, 10 minutos o 10%) para fines sociales. En otros países, cuando uno
explica que acá se paga en los canales por la franja al aire, nadie entiende. En
Colombia, en Chile, en México, nadie paga. Porque aquel que tiene una licencia tiene la
obligación de destinar un tiempo a estos fines. El único país donde la televisión fue
un gran negocio con la elección de Fujimori, y volvió a ser un gran negocio con
elecciones limpias fue el nuestro. Eso sucedió así porque desapareció eso que existía
antes, en vista de la comercialización del espectro.
De esta manera, no podemos concebir la
televisión y la radio como parte del negocio de las telecomunicaciones. Su importancia no
está en el negocio, está su importancia educativa, que, como ha dicho Henry Pease, nadie
puede dudar que, desde el punto de vista de la educación y la enseñanza, la televisión
es más importante que la escuela. Claro, que a veces se puede presentar una política
educativa para el escuela, y la televisión puede hacer la educación que quiera.
Y la televisión también es mucho más
importante desde el punto de vista político; es un gran negocio político. Es un gran
poder. Obviamente que ha habido corrupción y eso debe ser sancionado penalmente. Pero la
pregunta crucial es la siguiente: ¿Tiene quien administra un canal de televisión el
derecho de decir que en su canal no se presente ningún candidato? Ese es el tema central
desde el punto de vista del poder político de la televisión. En el mundo actual, ya la
televisión ha reemplazado a la plaza pública. Y eso es igual como que a comienzos de
siglo, alguien hubiese dicho "¿Saben qué? En la Plaza San Martín sólo habrán
mítines de día". Esa es la negación misma de la democracia.
Entonces, el peso que tiene la televisión
en la vida educativa y política es el elemento central de la democracia contemporánea,
lo que hace que sea tratada desde ese punto de vista, y luego como una parte menor del
negocio de las telecomunicaciones.
Continuemos con la tercera tesis falsa. Se
señala que únicamente hay libertad de prensa ahí donde hay televisión privada.
Entonces, yo aquí debo diferenciar muy
claramente entre la historia de la libertad de prensa de la historia de la televisión. La
libertad de prensa es el punto de partida de la democracia en todo el mundo (en Estados
Unidos, en Europa, acá): la emancipación nacional empezó con "El Mercurio
Peruano", "La Gaceta de Lima", etc., continuó con Bolívar diciendo
"el cañón y la imprenta" y dándose el primer decreto de San Martín, cual fue
el de la libertad de imprenta.
Pero la libertad de prensa aplicada a la
televisión y la radio es una cosa totalmente distinta. Los periódicos nacen para
difundir ideas; es la prolongación del libro. La gente que tenía ideas, entonces busca
imprimirlas en un periódico. La radio y la televisión nacen por una razón completamente
distinta.
La primera estación de radio comercial es
la estación KDK, fundada en Estados Unidos en 1920, y ¿quién cree que instaló dicha
estación? La empresa Westinghouse. Y ¿por qué? Pues tras probarse satisfactoriamente la
tecnología de la radio en la Guerra Mundial, y al haberse creado los aparatos de radio,
estos no se podían vender si no existía qué escuchar en las radios. Entonces la empresa
que preparaba los aparatos de radio crea una estación para poderlos vender.
Si el periódico nace para prolongar el
libro, la radio nace para prolongar fonógrafo y el piano. En este proceso pasamos de la
compra de vida cultural en el mercado a tratar de bienes culturales auditivos. Eso es lo
que hacían el fonógrafo y el piano. Nacen para dar entretenimiento, no tienen nada que
ver ni con la educación ni con la noticia.
Entonces, el problema es cuando se trata de
traspasar sistemáticamente el ideal de la libertad de prensa a medios que nacieron con
una finalidad distinta. Así, deberán asumir un derecho de libertad, pero con todas las
responsabilidades que ello acarrea.
Una de esas consecuencias tiene que ver con
evitar la censura. La lucha contra la censura tiene tres etapas claras. La primera es la
eclesiástica; los primeros censores surgen del poder eclesiástico. La segunda es la
gubernamental. La actual es la comercial, y los peruanos saben muy bien que es tan nociva
como la eclesiástica o la política. Entonces conquistar la libertad es liberarnos de
todas las censuras, y no puede reducirse el hecho a defender la libertad de prensa
buscando la ley de la selva en el mundo de radiodifusión.
La cuarta tesis falsa es que hay dos tipos
de preocupaciones sobre la radio y la televisión. Una es la del político y otra la del
educado. Una es la preocupación del gobernante y otra del estadista.
Ningún gobierno -ni en el Perú ni en el
mundo- ha dejado de tratar de influir sobre la radio o la televisión. Pero tampoco
ningún canal de televisión ha tratado de dejar de tener los favores del gobierno.
Entonces una cosa es la preocupación que tiene cada gobierno por saber a quién apoya
qué canal de televisión, y otra es la preocupación que corresponde al Perú de hoy, del
año 2 002.
Una de las cosas más terribles de la
época de Velasco Alvarado es la razón por la que se debería defender a la revolución,
y todo se justificaba a nombre de la defensa de la revolución. Igual sería de incorrecto
señalar la defensa de la democracia confundiéndola con la defensa de un régimen
concreto -en nuestro caso, un gobierno limpiamente elegido y limpiamente constituido-.
Parte de la democracia es aceptar la crítica y todos sus alcances. Y punto. Entonces, por
ningún motivo debe aceptarse llevar a la televisión o a la radio hacia los fines del
gobernante.
Por eso debemos estar preocupados por la
refundación democrática del Perú. La corrupción que ha habido no es una excepción; es
un caso extremo. Por el grado de la corrupción, tuvo que haber oferta pero también
demanda de corrupción. Entonces, yo creo que hay que ser absolutamente contundentes en
que hay que castigar lo sucedido, pero también debemos lograr que ningún gobierno nunca
más pueda actuar como se actuó. Hay que eliminar la oferta de corrupción. Hay que
"desestatizar" la televisión; hay que quitarles a los gobiernos el poder que
tienen sobre la televisión.
Ahora me referiré al proyecto de ley del
gobierno. En primer lugar, éste tiene una tremenda carencia. No habla de la publicidad
estatal. Ésta, en la experiencia vivida, fue un elemento de control fundamental sobre la
radio y la televisión. Hay que democratizar y darle transparencia a la publicidad
estatal.
En segundo lugar, hay que crear un Consejo,
por supuesto que sí, como existe en todo país civilizado (así, la Independent
Television Commission tiene un poder de intervención y reglamentación altísimo). Lo
importante es que esos consejos no sean gubernamentales. Pero también es importante que
el Congreso asuma su responsabilidad a través de la nominación del representante de la
sociedad civil pero por mayorías calificadas, como sucede en la elección de los
representantes del Tribunal Constitucional, mecanismo por el cual se garantiza que haya
independencia del Poder Ejecutivo y la representatividad de la totalidad de las fuerzas
políticas.
Yo creo que el Perú tiene una
responsabilidad consigo mismo, es más yo creo que cada uno de nosotros tenemos una deuda
con nosotros mismos. Ya en el año 1 895, se estableció lo que se llamó la República
Aristocrática, y ésta fue aristocrática pero también republicana, dando estabilidad al
país durante un largo periodo (hasta 1 912), etapa en el que el país tuvo un crecimiento
económico extraordinario, periodo en el que desarrolló los primeros movimientos
sociales.
Ahora estamos en la obligación de fundar
es la República Democrática, que ya se fundó en el 31, en el 56, en el 63 y en el 80. Y
en todas esas oportunidades las fuerzas centrífugas de la política fueron mayores que
las fuerzas centrípetas, y la confrontación más importante que la concertación.
Entonces, esa es una promesa que nos debemos y que no se cumple, mirando no el interés de
cada partido y del gobierno en ejercicio, sino con la voluntad de establecer medidas
democráticas y no sólo pensar en quién es gobierno y quién oposición.
Yo creo que nos debemos la fundación de la
República Democrática, a la que hemos fallado varias veces en el siglo pasado. Y que es
la oportunidad ahora para que la democracia sea estable y duradera. Y creo que la
televisión hay que encararla con este empeño. Así, lograremos una televisión más
democrática y más ciudadana, no sometida a ninguna censura.
Rafael Roncagliolo de Orbegoso
Sociólogo y Periodista. Actualmente es Secretario General de la
Asociación Civil Transparencia
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