Cecilia Bákula: “Queremos que la cultura tenga un sitio en la decisión política”
05/03/2007
Directora del Instituto Nacional de Cultura
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La cultura es obligación del Estado, pero también de la sociedad civil y de todos los que viven, producen y se enriquecen en el Perú. Según Cecilia Bákula, directora del INC, ésta institución está tomando en serio y profesionalmente el manejo y la gestión cultural. Es necesario que la cultura tenga una voz evidente, pública y abierta; pero también un sitio en la decisión política y que se convierta en una manera de ser y de pensar el país. Más aún, considera que si no se invierte en cultura, el país no tiene futuro, ya que ésta es necesaria para levantar la autoestima y permitirle al peruano construir su identidad; sin ello, ningún avance en lo material será sostenible y tendrá sentido.
Denisse Díaz / Palestra: ¿Existe una nueva propuesta de política cultural a nivel de país?
Cecilia Bákula: Definitivamente sí. El Perú, en este momento, está tomando muy en serio y muy profesionalmente el manejo y la gestión cultural, entendiendo que las manifestaciones culturales de nuestro país no son solamente aquellas que tienen que ser conservadas porque ya existen, sino también aquellas que tienen que ser promovidas porque deben de existir y que deben estar amparadas por una gestión eficiente en tanto deben crecer.
¿Cómo ve la relación entre política y cultura en nuestro país actualmente?
La cultura, y sobre todo el tema de la promoción cultural, tienen que estar insertados públicamente en la alta política. Cuando nosotros amparamos la propuesta del presidente García respecto a la existencia de un Ministerio de Cultura (o algún organismo de rango ministerial), lo hicimos porque queremos no solamente que la cultura tenga una voz evidente, pública y abierta, sino que tenga un sitio en la decisión política y que se convierta en una manera de ser y de pensar el país.
Si no se invierte en cultura, el país no tiene futuro. Nosotros podremos mejorar los niveles materiales de vida de las personas, y esa es una obligación del Estado; pero si ello no está amparado, apoyado y respaldado con un crecimiento del espíritu de la cultura que levante la autoestima y que le permita al peruano construir su identidad con orgullo de lo propio, nada de lo material que se haga será sostenible y tendrá sentido.
Hace un momento mencionaba que ya no sólo se trata de mantener ciertos ámbitos de la cultura que se han venido desarrollando, sino más bien de promover…
Tenemos que diferenciar lo que es la cultura material de lo que es la cultura inmaterial. En ese sentido, UNESCO (que es un órgano rector del pensamiento y de la acción de la cultura a nivel internacional) ha generado una última convención sobre el patrimonio inmaterial. Así, lo que usted y yo creamos si se convierte en expresión de una sociedad, de un momento y de una circunstancia, tiene que ser preservado. Eso el Instituto lo tiene muy claro.
En esa línea, hemos repotenciado la acción vinculada al patrimonio inmaterial. Por ejemplo, todas las formas de expresión vernácula, desde la gastronomía que termina siendo una expresión del día a día, hasta el canto, la música, la danza, los mitos, las tradiciones, el ser peruano, el ser puneño, el ser cuzqueño, el ser trujillano… Aquello que nos individualiza, hace que al reconocernos como seres individuales nos podamos insertar en el todo que es ese país - nación que queremos.
Y dentro de todas estas expresiones, ¿se le está dando prioridad a alguna de ellas especialmente?
Nosotros no podríamos decir en este momento a cuales sí y a cuales no. Primero, porque sería injusto pues los recursos son muy escasos y lo que hacemos es generar una gestión sumamente imaginativa y muy comprometida con la participación del sector privado. Lamentablemente, el Estado no aporta lo suficiente, pero también es cierto que nunca sería suficiente.
La cultura es obligación no sólo del Estado, sino de la sociedad civil y de todos los que viven en este país, los que producen en este país, los que se enriquecen maravillosamente bien en este país. Ser rico no está mal; lo que no está bien es no asumir responsabilidad social y compromiso con la sociedad, Estado o región que me permite desarrollarme. Si bien reclamo una mayor presencia del Estado, también reclamo un mayor compromiso de la sociedad civil y del sector privado. Con algunos hay una relación extraordinaria, generosa y transparente; con otros, los corazones son más duros.
Algunos productores culturales, artistas u otros, prefieren no acercarse al INC porque dicen que en lugar de recibir apoyo, deben pagar y lidiar con diferentes trabas…
Tiene que existir una entidad que de alguna manera aglutine los esfuerzos, que de alguna manera gestione ciertas pautas porque en algún momento los artistas, los gestores y los productores, así como, lo arqueológico y lo colonial, necesitan ser cuidados, protegidos, atendidos y reconocidos.
Soy conciente de que el INC lamentablemente cargaba en el pasado, con una mala imagen, una imagen de haber sido durante mucho tiempo una entidad que más que gestionar, se convertía para algunos en un gran “rompemuelles”.
Nosotros estamos aquí para servir. Trabajar para el Estado y trabajar vinculado al patrimonio cultural es un privilegio, privilegio que obliga. Ahora se ha gestado un nuevo instituto que está recién gateando. Aún así, tenemos un instituto más rápido, más eficiente, más amigable, más de puertas abiertas.
Sucede que a veces los artistas o los creadores, con justa razón, tienen expectativas respecto al Estado y como no pueden sentarse al frente de la Plaza Mayor a esperar que un ministro pase, entonces vienen aquí. Nosotros tenemos que cobrar por algunas gestiones o algunos trámites evidentemente, porque vivimos no sólo del aporte del Estado, sino del aporte del usuario. La frustración es grande porque vienen personas que quieren editar libros, personas que buscan un espacio para manifestarse, y no tengo esos medios. Entonces, no es que el Instituto pueda o no pueda ser concebido como un “rompemuelles”, la verdad es que el Instituto no cuenta con los medios, no cuenta con la infraestructura indispensable y mínima que le permita ser más eficiente y ser todavía mucho más acompañante de una gestión cultural.