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Seguridad urbana: el modelo colombiano
Jorge Serrano Torres

Sumilla: Sólo una de cada tres personas en América Latina tiene confianza en la policía. En Lima, recientes acontecimientos nos alejan de quienes supuestamente deben brindarnos seguridad. Sin embargo en Bogotá se aplica un modelo de vigilancia que ha logrado que el 85% de los ciudadanos tengan una imagen favorable de la policía. Se denomina el Policía Comunitario. ¿Cómo funciona este modelo y qué resultados ha dado?

Varias naciones latinoamericanas recordarán el 2004, como un año en el cual los ciudadanos se volcaron a las calles para expresar su rechazo frente al avance de la violencia y la inseguridad. Marchas compuestas por cientos de miles de personas recorrieron Ciudad de México y Buenos Aires para exigir una acción más eficaz contra la delincuencia común y el crimen organizado. Las masivas protestas en Brasil resultaron determinantes para que se aprobara una nueva legislación -vigente desde septiembre del 2004- que limita la posesión de armas de fuego. Los ciudadanos reclaman seguridad y convivencia pacífica entendiéndolas como la condición de libertad para ejercer sus deberes y derechos sin sentirse amenazados, mientras gozan de un contexto de bienestar y tranquilidad. Algo que no ocurre en Latinoamérica.

Las encuestas de opinión señalan que para los latinoamericanos el crimen es la segunda causa de preocupación y angustia después de la economía; en consecuencia, el desprecio masivo a la inseguridad, se ha convertido en un contundente tema de campaña que, en gran medida, ha permitido que lleguen a la presidencia de su país en el 2004, el empresario Óscar Berger en Guatemala y Antonio Saca en El Salvador. Mientras tanto, debido a su drástica política de seguridad interna, el mandatario de Colombia, Álvaro Uribe, disfruta de mayoritario respaldo popular, haciendo posible que el Congreso colombiano, apruebe una reforma constitucional admitiendo la reelección presidencial inmediata en favor de dicho presidente.

Para tener una perspectiva más amplia, es útil recordar que en el sondeo Latinobarómetro del 2004, hecho en 18 países de la región: sólo una de cada tres personas tiene confianza en la policía (Chile es la excepción). Es decir, se percibe a la policía como parte del problema y no de la solución. Esto es comprensible, ya que a menudo, los efectivos policiales tienen una defectuosa preparación y carecen de recursos logísticos, pero también les falta mística y se encuentran contaminados por la corrupción o forman parte de dependencias diversas que rivalizan entre sí.

Para enfrentar la corrupción y superar la ineficacia, los gobiernos usualmente optan por crear nuevas unidades de “elite” o efectuar cambios de personal, en vez de llevar a cabo reformas estructurales. Asimismo, en muchos casos, quienes promueven modificaciones y modernizaciones en la policía, enfatizan la necesidad de una mejor administración, el castigo severo a la corrupción y, en los países con sistema de gobierno federal, la fusión de las diferentes fuerzas.

Pero ha emergido también una alternativa con excelentes posibilidades, que puede servir como ejemplo a seguir para otras naciones latinoamericanas: la “vigilancia comunitaria”, mediante una relación más estrecha entre la policía y la población, junto a mejores condiciones laborales y capacitación policial. Conozcamos este auspicioso modelo de seguridad ciudadana.

La policía comunitaria de Bogotá

En Bogotá, un nuevo concepto de seguridad preventiva e interactiva, hace posible que policías y vecinos trabajen juntos para anticiparse al crimen y a la violencia: el Policía Comunitario -agente dedicado a recorrer un barrio y forjar estrechos lazos de confianza y respeto mutuo con los habitantes.

La mayoría de los países de la región posee sistemas de policía nacional dependientes del gobierno central. Como resultado de ello, las fuerzas del orden no actúan bajo el control de gobiernos locales o municipales y, por lo tanto, carecen de incentivos para afianzar buenas relaciones con los residentes. En esencia, la Policía Comunitaria innova el planeamiento y el funcionamiento de la policía, acercándola democrática y armoniosamente a la comunidad.

El concepto de la Policía Comunitaria, apareció buscando que los policías se aproximaran a la población hasta que se les llegara a considerar como “el amigo policía”. Debían ser capaces de ver y escuchar problemas o necesidades que la mayoría de los bogotanos no se sentía confiado a compartir con la tradicional Policía de Vigilancia, que recorre las calles con una misión mucho más reactiva.

Este modelo ha sido perfeccionado a través de los años, siguiendo el esquema de la “Policía de proximidad” que funciona desde 1999 en España, inclinado hacia el acercamiento e interacción entre la policía y los ciudadanos, para dar una respuesta personalizada, así como reconocer y resolver problemas de seguridad, privilegiando la descentralización.

Igualmente, se ha tomado como referencia la experiencia japonesa y su exitoso programa “Gestión de la delincuencia” que ha permitido a las prefecturas de Nagasaki, Omura, Isahaya y Yagama, tener los índices más altos de protección y seguridad, según estadísticas internacionales. En paralelo, se ha explotado las enseñanzas de la reforma del sistema policial de Inglaterra en 1999, que incidió en la prevención y la responsabilidad ciudadana, tanto como en fijar metas y objetivos precisos.

En el ínterin se diseñó un perfil apropiado para el Policía Comunitario colombiano y se activó un curso de capacitación en la Universidad Javeriana de Bogotá, donde se preparó al policía para introducirse en el núcleo básico de una comunidad que padece agudos problemas de seguridad, y así descubrir lo que ocurre en su interior.

Desde su instauración en 1997, la Policía Comunitaria de Bogotá se ha transformado en un instrumento de acción preventiva para evitar que muchas personas cometan delitos. Ha pasado a ser un agente de cambio social que coadyuva a formar los “Frentes de Seguridad”, a través de los cuales, grupos de vecinos participan en su propia vigilancia y sistema de alerta temprana; a la par, crean conciencia comunitaria en los ciudadanos, mediante las “Escuelas de Seguridad” a nivel de barrio, y colaboran con las escuelas públicas para la formación de niños y niñas en temas de seguridad preventiva.

Concretamente, la vigilancia comunitaria se basa en una reconceptualización del servicio policial con el objetivo de implementar canales de comunicación directos y permanentes con la población. Se conquista primero su confianza y a continuación se obtiene información de primera fuente que sirva para contrarrestar potenciales actos delictivos y situaciones de riesgo, o dado el caso, facilitar la captura de forajidos y desarticulación de grupos delincuenciales.

Los 1.000 policías comunitarios de Bogotá -de 12.000 efectivos que tiene la capital colombiana- vigilan en parejas, abarcando vecindarios de 2.000 a 4.000 habitantes y constituyen un replanteamiento del esquema policial tradicional de Latinoamérica. Éste es el signo más evidente del esfuerzo que en los últimos diez años, ha efectuado esa ciudad de siete millones de habitantes, por reformular su estrategia de seguridad ciudadana.

[continuar]



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